No es sorpresa para nadie que la educación es un proceso con distintos beneficios en múltiples niveles. Como ya se ha comentado en este mismo blog, estos beneficios son quizá más evidentes y claros en el nivel individual y en el nivel social, ya que, por un lado, las personas con un mayor nivel educativo tienden a percibir ingresos financieros anuales más altos que las personas que dejan sus estudios inconclusos, y pueden acceder con más facilidad a oportunidades profesionales con mejores beneficios y seguridades laborales (como seguro médico y otras prestaciones de ley en México), y, por el otro, estos beneficios individuales impactan también en fenómenos sociales colectivos, ya que, por ejemplo, la subida de un solo año en el nivel de escolaridad promedio de la población en conjunto puede representar para un país un incremento de entre el 4 y el 7% del producto interno bruto per cápita (es decir, de los ingresos financieros anuales promediados de cada habitante; Universidad Nacional Autónoma de México [UNAM], s. f.), con lo que las tasas de desigualdad en la distribución de la riqueza se reducen y se dan pasos hacia una sociedad más justa donde las personas tengan menor necesidad de recurrir a trabajos informales (IMCO, 2014). Sin embargo, hay un nivel intermedio en el cual pueden observarse también beneficios de la educación formal de los individuos, y es en el contexto mismo del desarrollo de sus actividades profesionales, es decir, dentro de las empresas donde estos individuos laboran.
La forma más sencilla de entender el impacto positivo de la educación de los trabajadores dentro de su ambiente de trabajo es por medio de la productividad
, que, como se dijo antes, no sólo beneficia a las empresas empleadoras, sino que también tiene un reflejo positivo en el crecimiento económico de los países (Pérez Pacheco, 2022). El tema de la productividad laboral en México es especialmente complejo debido a que la productividad de un trabajador puede entenderse de manera errónea, ya que para calcularla no es necesario determinar el número de horas trabajadas por semana o alguna otra métrica cuantitativa de ese estilo, sino más bien definir cuánto ingreso financiero representa (tanto para el trabajador como para la empresa para que la que trabaja) cada una de esas horas trabajadas. En este sentido, la situación de México es paradójica porque, por una parte, es el país miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) donde las personas trabajan más horas al año en el mundo (un empleado mexicano trabaja en promedio 2,137 horas anuales, casi 400 horas anuales más que el promedio de trabajadores de países miembros de la OCDE; México, uno de los países donde más horas se trabajan…, 2022), pero, por el otro lado, los niveles de productividad de los trabajadores mexicanos se encuentran muy por debajo de los países que trabajan menos horas al año (ib.): por poner un ejemplo con los datos de la OCDE, un empleado en México tiene una productividad laboral promedio de $80 pesos por hora trabajando 2,137 horas al año, mientras un empleado en un país como Noruega tiene una productividad laboral promedio de $1097 pesos por hora trabajando solamente 1,384 horas al año, casi 800 horas menos al año que el empleado en México.
Lo que esta cifra revela es la necesidad de entender la productividad como una medida que no puede basarse en el trabajo bruto y exhaustivo, sino en el desarrollo de técnicas de trabajo inteligente que permitan aprovechar al máximo cada minuto laborado, con lo cual sería innecesario además que los trabajadores se agobien y se frustren con horarios laborales demasiado largos llenos de períodos de improductividad. Ya que la educación es un factor clave para aumentar la productividad de los empleados, brindarles conocimientos y habilidades necesarios para adaptarse a las nuevas herramientas y procesos de producción del mundo globalizado los acerca a la oportunidad de sacar el mayor provecho de sus horas trabajadas dentro de una empresa sin un desgaste excesivo. Esto es posible sólo priorizando, desde las posiciones de liderazgo de la empresa en la que laboran los empleados, la formación educativa de sus empleados. Así, por ejemplo, es posible imaginar que una de las causas del bajo nivel de productividad de los empleados de México, donde se trabaja más que en la mayoría de los países del mundo, es el nivel de escolaridad promedio de los adultos en el país, que es de 9.7 años, lo que indica que, en promedio, los estudiantes (que después se convierten en miembros de la fuerza laboral) abandonan la escuela antes de haber concluido siquiera el primer año de bachillerato (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], s. f.), que es mucho antes de recibir formación académica de nivel superior, que es la que está más fuertemente relacionada con las aptitudes para hacer frente a las demandas del mundo laboral moderno (Pérez Pacheco, 2022), ya que, por ejemplo, en los estados de la frontera norte del país, un trabajador que concluyó el nivel superior puede percibir hasta 137% más ingresos que una persona sin ningún nivel educativo (ib.).
Incluso considerando la estrecha relación, ilustrada hasta ahora, entre el nivel de productividad de los trabajadores y su nivel educativo, es cierto que con respecto a la escolaridad los cambios más significativos con miras a un panorama académico-profesional más prometedor para los ciudadanos y sus empleadores deben ser implementados no sólo a nivel individual, sino por medio de políticas públicas impulsadas desde el gobierno en todos sus niveles para facilitar el acceso a la educación de todas las personas desde el nivel básico hasta el superior, en especial si se toma en cuenta que un incremento de 1% en la inversión pública en educación superior para las personas puede representar un aumento proporcional del 0.04% en la productividad de las personas con ese nivel educativo (Pérez Pacheco, 2022). Esta relación puede contribuir a explicar, por ejemplo, que el nivel de escolaridad promedio de los mexicanos en 2005 era de 8.1 años (es decir, que los estudiantes abandonaban sus estudios antes del tercero grado de secundaria), mientras que en 2020 ese nivel, como se dijo antes, era de 9.7 años (INEGI, s. f.), y que durante ese mismo período desde 2005 a 2020 la productividad anual promedio por trabajador aumentó 0.16% cada año (Pérez Pacheco, 2022).
Como puede verse, la educación es el principal pilar en el aumento y la optimización de los niveles de productividad de los trabajadores, y es por ello importante y financieramente beneficioso para las empresas mexicanas, que con su labor contribuyen al fortalecimiento económico del país, priorizar la formación continua de sus empleados en el área académica. Es con esta convicción en mente y por medio de su compromiso de facilitar el acceso a la educación en todo México por medio de un plan sólido de estudio desde cualquier dispositivo conectado a internet, en un horario completamente seleccionado por los alumnos, que la UNIDEV se enorgullece de ofrecer a cualquier empresa interesada convenios accesibles para que sus trabajadores puedan continuar sus estudios de nivel bachillerato con modalidades flexibles que van desde acreditar la preparatoria en un solo examen hasta hacerlo en cuatro o seis meses, de acuerdo con las preferencias del alumno mismo. Con esto la UNIDEV refrenda su misión de tomar parte activa en el fortalecimiento del país desde lo más esencial, sus ciudadanos y sus empresarios, innovando la educación en México.
Referencias
—IMCO. (2014, 1 de mayo). Lo que la escolaridad nos dice sobre la fuerza laboral. Animal Político. https://www.animalpolitico.com/sin-competitividad-no-hay-paraiso/lo-que-la-escolaridad-nos-dice-sobre-la-fuerza-laboral/
—Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (s. f.). Escolaridad. Cuéntame de México. https://cuentame.inegi.org.mx/explora/poblacion/escolaridad/
—México, uno de los países donde más horas se trabajan pero no necesariamente se produce más. (2022, 8 de abril). Coparmex Nuevo León. https://coparmexnl.org.mx/2022/04/08/mexico-uno-de-los-paises-que-mas-horas-trabajan/
—Pérez Pacheco, F. A. (2022, 24 de enero). Educación y productividad: previsiones para el futuro. Centro de Investigación Económica y Presupuestaria. https://ciep.mx/educacion-y-productividad-previsiones-para-el-futuro/
—Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). (s. f.). Importancia de la educación para el desarrollo. Plan Educativo Nacional. http://www.planeducativonacional.unam.mx/CAP_00/Text/00_05a.html

